miércoles, 6 de abril de 2011

01 – EL DISEÑO DE DIOS PARA EL MATRIMONIO


01 – EL DISEÑO DE DIOS PARA EL MATRIMONIO

Por el Hno. Gabriel.-


Introducción
En nuestra primera reunión nos interesaba mostrar la realidad de cómo hemos sido contaminados con la cultura mundana al punto tal que hemos construido nuestro matrimonio (a pesar de ser llamados cristianos) basados en ideas propias de dicha cultura mundana y muy lejos del diseño y propósito de Dios, dicho de otro modo, no hemos tenido en cuenta a Dios al momento de pensar en casarnos y construir una familia, no hemos indagado acerca de su propósito y diseño matrimonial, solo nos intereso satisfacer nuestros propios deseos profanos, egocéntricos, materialistas, apartados de Dios y conformados al ideal del matrimonio mundano;
es probable que en nuestra mente haya estado la idea de una vida matrimonial de película o novela fusionada con una vida religiosa, romántica desde lo carnal y materialista desde lo humano; una casa grande de dos pisos, un buen trabajo y un gran sueldo, un auto confortable, algunos hijos, una vida sin necesidad económica, cómoda y placentera, viajar por el mundo, etc., con la idea oculta de que en caso de que todo éste romanticismo no funcione entonces opte por el camino del divorcio como una alternativa viable para separarme de mi pareja (cónyuge) y buscar otra persona que nuevamente pueda revivir en mí todos estos conceptos de matrimonio mundano, y aunque no nos guste reconocer esto, de todos modos es algo que esta insertado en nuestros huesos (y es que fueron años de bombardeo con este ideal de matrimonio mundano, nunca nadie nos dijo que existía un diseño bíblico y espiritual para el matrimonio), y ésta es la razón por la cual hablar del propósito de Dios en el matrimonio cristiano llega a ser algo muy aburrido y desagradable para los mismos cristianos, porque escuchar el propósito y diseño de Dios para el matrimonio luego que he construido mi matrimonio fuera de su consejo hace que tenga que replantear todo mi matrimonio de nuevo, porque el modelo de Dios se contrapone al modelo mundano, y es que existe un gran abismo entre el uno y el otro, y el diseño de Dios atenta contra toda nuestra cultura matrimonial mundana, la derriba, y es tan confrontante que aun los mismos discípulos que estaban al lado de Jesús cuando le escucharon hablar del matrimonio de acuerdo al diseño de Dios consideraron que no era nada fácil y atractivo, y hasta concluyeron que mejor era no casarse:

Mateo 19:10 Le dijeron sus discípulos: Si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse. 11 Entonces él les dijo: No todos son capaces de recibir esto, sino aquellos a quienes es dado.

Jesús les estaba hablando del diseño y propósito de Dios para el matrimonio, y fue tan grande la brecha que había entre el modelo de Dios y el modelo del hombre que los mismos discípulos tuvieron que considerar hasta que punto era conveniente casarse y ajustarse al modelo de Dios –es muy probable que ellos hayan concluido; Si hubiésemos sabido esto antes directamente no nos casábamos, ¡porque no nos explicaron esto antes!– Esto demuestra que en la mente de Dios existían un diseño y un propósito al momento de unir a un hombre con una mujer, y ahora nos toca a nosotros redescubrir ese diseño y conformarnos a ese diseño, porque esa será la única forma en que nuestro matrimonio glorifique verdaderamente a Dios…

El modelo de Dios para el matrimonio
Efesios 5:22 Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor23porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. 24 Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. 25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. 28 Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.29 Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, 30 porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos31 Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. 32 Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia. 33 Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.

En virtud de lo que encierra este pasaje bíblico, el cual va a ser la columna vertebral de lo que venimos hablando, encontramos un alto valor espiritual y misterioso, referido al matrimonio, que hemos pasado por alto un sinfín de veces (de generación en generación).
Aquí se nos habla de que la figura del matrimonio cristiano es la figura del amor que existe entre Cristo y la Iglesia, se nos habla de la unión entre en un hombre y una mujer con el propósito de reflejar el amor con el cual Cristo amo a su Iglesia (ese es el objetivo principal del matrimonio cristiano; mi matrimonio debe reflejar el amor de Cristo por su iglesia), nuestro trabajo es descubrir cómo es ese amor entre Cristo y la Iglesia y como se lo lleva a cabo ese amor en el sentido práctico. Estamos hablando de un amor que no se basa en los sentimientos y emociones carnales, sino un amor espiritual que escapa al conocimiento humano y que depende puramente de Cristo, al punto tal que aquel que no tiene a Cristo en su vida jamás entenderá de lo que se trata el amor matrimonial.

Sin dar muchos rodeos, vamos a trillar este pasaje a fin de tener una mejor comprensión del mismo. En esta cita el apóstol utiliza varias analogías para mostrar una figura del matrimonio según el propósito y diseño de Dios:
1)      Las esposas sujetas a sus maridos así como la iglesia está sujeta a Cristo
2)      El marido es cabeza de la esposa como Cristo es cabeza de la Iglesia, y así como la Iglesia es el cuerpo de Cristo así también la esposa es el cuerpo del esposo que es la cabeza. Est requiere armonía funcional.
3)      El marido ame a la mujer así como Cristo amó a su Iglesia y se entrego así mismo por ella con un propósito especifico (santificarla para sí mismo)
4)      Los maridos amen a sus esposas como aman a sus mismos cuerpos porque de este modo jamás la aborrecerán ya que nunca nadie aborreció su propio cuerpo sino que no cuida y lo sustenta a diario
5)      El hombre dejara a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y será una sola carne con ella así como Cristo es una sola carne con la iglesia (grande es este misterio)

Para desarrollar estos puntos voy a remontarme al primer matrimonio bíblico; el de Adán con Eva. Primeramente Dios hizo al hombre y posteriormente le hizo ayuda idónea para él, consideró que no era bueno que el hombre este solo y por lo tanto lo hizo caer en sueño profundo y realizo una operación quirúrgica allí, abrió su carne y saco una de sus costillas y cerro nuevamente su carne, y de esa costilla formo la mujer (Gn 2:18-25), la diseño específicamente para él, cuando Adán despertó y vio a Eva dijo;  esta mujer es parte de mí, salió de mí, es carne de mi carne y huesos de mis huesos (¡y de verdad lo era!), y al margen de que físicamente estamos separados ella es parte de mi cuerpo y yo necesito estar unido a ella como una sola carne– ¡He aquí el precedente del matrimonio diseñado por Dios para toda la humanidad! Sin embargo aunque el génesis no nos muestra el sentido práctico de esta unión diseñada por Dios, si la vemos reflejada por medio de Cristo y su iglesia; Cristo como el postrer Adán y segundo hombre sobre la tierra (1°Co 15:45-47) abandono a su Padre Celestial y vino a la tierra (Fil 2:5-11), fue sometido a una operación quirúrgica-celestial por medio de aquella cruenta cruz en el calvario, y de su propio costado traspasado de donde salió agua y sangre Dios formo la iglesia; hueso de sus huesos, carne de su carne, sangre de su sangre, y se unió a ella para ser uno con ella en el Espíritu, Él como Cabeza y la Iglesia como su cuerpo, la amo de tal manera que dio su vida por ella, y hasta el día de la fecha la sustenta y la cuida como su propio cuerpo… sencillamente amor incondicional, amor de Pacto Eterno, y es el amor que Dios enseña a los matrimonios cristiano. Cada matrimonio cristiano debe reflejar esa clase de amor incondicional de pacto eterno.

Amor Incondicional de Pacto
Por un momento considera (imagina) que la mujer que tienes al lado tuyo (tu esposa) fue tomada de ti mismo, imagina que en algún momento de tu vida Dios te puso en sueño profundo y abrió tu carne y saco de ti una parte de tu cuerpo y de allí formo a tu esposa, al punto tal que ella es parte de ti, parte de tu cuerpo, de tus huesos, de tu carne; tienes que poder verlo de este modo porque será la única forma en que entiendas que ella y tu son una sola carne, tu como la cabeza y ella como tu cuerpo, de este modo jamás podrás divorciarte de tu propio cuerpo porque es tu cuerpo, sea como sea vas a amar y cuidar de tu cuerpo, de eso se trata el amor incondicional de pacto eterno, de eso se trata el amor en el matrimonio cristiano.

Hablar de un amor incondicional es hablar de un amor que no pone condiciones para amar, sino ama en función de un pacto;  –he pactado delante de Dios amarte y así lo hare hasta la muerte– aunque sé que no es un ejemplo apropiado de igual modo voy a citar “el amor de los padres hacia los hijos” porque es una clase de amor incondicional; una madre va a amar a su hijo indistintamente como sea él tanto físicamente como mentalmente, los padres jamás van a abandonar a sus hijos porque éstos de alguna manera no les gusten (ellos no dicen cosas tales como; nos quedemos con este porque es lindo y desechemos este porque es feo; dejemos este porque es inteligente y nos deshagamos de este porque tiene problemas… ¡NO!), lo primero que quiero mostrar con este ejemplo es que el amor en el matrimonio cristiano no debe estar basado en los atributos y virtudes físicas de las partes; –amo a mi esposa porque es linda y cuando empieza a envejecer y cambiar entonces la abandono…–, lo mismo para la esposa; –amo a mi esposo porque es lindo y cuando este engorda y envejece entonces lo cambio…–. De este modo debemos decir que permanecer casados no se trata de permanecer enamorados sentimentalmente y platónicamente, sino es una cuestión de fidelidad al pacto delante de Dios. Cristo jamás abandonara a su esposa (la Iglesia) y la dejara de amar, en este sentido nosotros tenemos plena seguridad de que Él fielmente nos amará más allá de nuestros atributos como esposa;

Romanos 8:35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

Nosotros como esposa de Cristo (su Iglesia) no tenemos ningún temor de que Él nos abandone y se busque otra esposa para reemplazaros porque de alguna manera se haya cansado de nosotros (eso no pasará nunca), en este sentido vivimos despreocupados de tal pensamiento porque sabemos que Él nos ama más allá de nuestra condición, Él nos ama con amor incondicional de pacto eterno.

No se avergüenza uno del otro
El amor incondicional nos lleva también a afirmar que no existirá la vergüenza en el matrimonio cristiano, y para que se entienda daré el siguiente ejemplo;

Génesis 2:25 Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban.

¿Por qué razón Adán y Eva no se avergonzaban de estar desnudos uno frente al otro? ¿Será porque eran perfectos? Es probable, pero considero que ese no es el punto aquí, porque luego que hubieron pecado inmediatamente sintieron vergüenza y tuvieron que cubrirse ¿Será que sus cuerpos se volvieron repentinamente imperfectos físicamente? Dudo que esa sea la respuesta, antes considero que indistintamente de sus virtudes físicas ellos no se avergonzaban el uno del otro porque su amor no estaba condicionado a sus atributos sino se sustentaba en la fidelidad al pacto que establecieron delante de Dios para amarse incondicionalmente y estar juntos, estaban juntos por una cuestión de pacto,  por ende, en cuanto rompieron el pacto delante de Dios rompieron su compromiso de amarse incondicionalmente, e inmediatamente sintieron vergüenza y tuvieron que cubrirse porque a partir de ese momento su amor ya no pasaría por alto las imperfecciones, ya no era un amor incondicional, ahora estaba supeditado a una cuestión de observar las virtudes y defectos del uno y del otro, ahora sentían vergüenza el uno del otro y debían tapar sus defectos y sostener su amor de manera condicional. Ahora había una constante amenaza de que todo se disuelva.
El punto que quiero destacar es que el amor incondicional de pacto cubre una multitud de defectos, por lo tanto no me avergüenzo delante de mi esposa, porque sé que ella no me ama por mis virtudes y me desprecia por mis defectos, sino simplemente me ama por una cuestión de pacto delante de Dios, por tanto mi imperfección física no será motivo de su rechazo, y puedo tranquilamente estar desnudo delante de ella (y no solo me refiero al sentido físico) y no estar avergonzado ni temeroso de que pueda dejar de amarme, porque descanso en que me amará hasta el final por una cuestión de amor incondicional de pacto delante de Dios, del mismo modo que Cristo ama a su  Iglesia, la cual a pesar de estar llena de imperfecciones de todos modos Él la ama y por esa razón paso por alto todas las imperfecciones y la tomo para Él, y éste es el único y gran ejemplo que tenemos de cómo un esposo debe amar a su esposa y viceversa.

Conclusión
Entonces, para concluir, el diseño del matrimonio según Dios es mostrar el amor de pacto entre Cristo y su Iglesia, amor incondicional entre el esposo y la esposa a fin de que Cristo sea exaltado, por supuesto que no es fácil alcanzar esta clase de amor incondicional de la noche a la mañana, ya hablaremos de esto en la próxima clase, pero lo primero que nos proponemos mostrar en esta reunión es esa clase de amor que debe existir en el matrimonio cristiano, un amor que no se apoya en el sentimiento carnal, un amor que no está basado en permanecer sentimentalmente enamorados sino un amor que busca y se esfuerza por mantener fiel el pacto de amor delante de Dios.
Si es que nuestros matrimonios fueron realmente diseñados por Dios entonces de una u otra manera van a terminar inundados de esta clase de amor incondicional, y esto como consecuencia de haber entendido el amor de Cristo en nosotros y haber vividos bajo la influencia de ese amor, en definitiva será Cristo mismo reproduciéndose en nosotros, mostrando por medio de nuestro matrimonio su amor incondicional.

La paz del Señor Jesucristo.

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