viernes, 8 de abril de 2011

LLAMADAS A VIVIR DIGNAMENTE - Reunión de Mujeres ABR-2018



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MENSAJE VIERNES 27/04/2018

Por Hna. Laura Alanís


Hermanas las saludo con la gracia y paz de nuestro Señor Jesucristo. Muy gozosa estoy de que el Señor nos permita tener este tiempo en el cual podemos estar juntas, teniendo esta comunión en el espíritu, alabando y dando Gloria a nuestro Señor por su gran amor y su gran salvación y trabajar en su iglesia; también me llena más de gozo ver que más hermanas este año se van sumando para hacer posible este trabajo, seamos dignas de ello.



En las reuniones anteriores, se trató de mostrar que una mujer que quiere ser conformada al diseño de Cristo, es aquella que buscará crecer en el temor de Dios, y en conocer su propósito. También vimos que para llegar a ser la mujer que Dios diseñó, debemos ir al origen de todo y buscar allí el patrón verdadero, el diseño y propósito para el cual fuimos creadas. Se habló también de la verdadera y de la falsa feminidad y que buscando en el Señor esa feminidad cristiana y viviendo en ella, la palabra de Dios no sería blasfemada, sino que será Glorificada.
Ahora bien, en lo que anhelamos trabajar este año, es en el desarrollo de Tito 2:3-5esperando tomar de allí, la mayor enseñanza posible para nuestras vidas. Ruego al Señor que así sea. Vamos a orar

El mensaje tiene como título llamadas a vivir dignamente, porque a través de la cita, vemos que este es el llamado para las mujeres de la iglesia.
Para comenzar me gustaría hablar un poco del trasfondo histórico y el contexto de esta carta y entender porque Pablo se ve en la necesidad de escribir estas cosas.
La carta fue escrita por el apóstol Pablo probablemente entre los años 62 o 64 a Tito, desde Corinto o desde Nicópolis (3:12) se la escribe a Tito, quien era un gentil, griego(Ga.2:3), compañero y colaborador de Pablo en el evangelio, mensajero de las iglesias (2 Co.8:23)
En la carta Pablo le llama verdadero hijo en la común fe (Tit.1:4). Tito fue dejado por Pablo en la isla de Creta para completar y trabajar en la obra que Pablo había empezado. Debía corregir lo deficiente (lo que estaba incompleto o con defecto), reprender a los falsos maestros y judaizantes que apartaban de la verdad a los creyentes de Creta. Tito debía establecer ancianos en cada ciudad de la isla, para que llevasen adelante y de manera ordenada la iglesia de Cristo, y lograr así una iglesia sana en la fe y como resultado de esa fe, buenas obras. Debía tratar con asuntos prácticos dentro de la iglesia, por lo que hay requisitos y mandatos para los ancianos, para las ancianas, exhortaciones a los jóvenes y siervos, es decir que Pablo envía esta carta a Tito para ordenar la iglesia de Cristo, la cual fue comprada por su sangre y para que funcione con una fe saludable, junto con la sana doctrina, lo cual debía dar como resultado una vida piadosa, sana, justa, sobria y con buenas obras (Tit.2:12-14)
Cada miembro debía estar viviendo el evangelio de Cristo, viviendo el conocimiento de la verdad que es según la piedad (Tit.1:1) en su respectiva función, en armonía, en unidad, para obtener un cuerpo saludable, con sana enseñanza.
En todo este tiempo he estado orando y preguntando al Señor como llevaríamos adelante este servicio dentro de la iglesia, el ministerio de las mujeres. Y entre tantas cosas que la Iglesia ya ha alcanzado para Gloria del Señor, he podido ver que existe una gran necesidad dentro de las iglesias, un ministerio que ha sido olvidado o mal orientado, un servicio que quizás dentro de las congregaciones fue descuidado, desatendido, postergado y hasta abandonado, estoy hablando de la tarea de las ancianas dentro de la Iglesia.
Considero a este servicio vital para el funcionamiento correcto del cuerpo de Cristo, y más aún en este tiempo donde vemos cómo avanza rápidamente el engaño, la maldad y las ideas que el mundo impone tratando de derrocar la verdad y los fundamentos de Cristo, aún dentro de la iglesia. ¿Y quiénes se levantarán para defender la verdad y sostener los fundamentos cristianos? Somos nosotros, la Iglesia. Así que, hay una gran labor por delante. Conocer, entender, vivir y modelar nuestra feminidad según Cristo y no según el mundo.
Leamos juntas Tito 2:3-5
3 Las ancianas πρεσβυτις présbitis asimismo sean reverentes ιεροπρεπης, ieróprepisen su porte καταστημα kátastima; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien;
4 que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos,
5 a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.

Entonces el texto podría leerse de la siguiente manera; Las ancianas asimismo sean de una conducta o un comportamiento propio de quien está consagrado a Dios, reverente.

Se refiere a las mujeres mayores de la iglesia, por ser fruto de una experiencia madura resultante de pruebas vencidas en el camino (Ro.5:3) Son tan fundamentales en la vida de la Iglesia, porque son ellas las que deben estar abocadas a esta labor de estar mirando a las más jóvenes e influenciando sus vidas, deben ser el modelo de mujer cristiana madura y digna del Señor, y deben serlo de manera deseable y saludable, de modo que una jovencita al mirarla anhele tomar ejemplo de ella. Ellas son las que están calificadas para la enseñanza de otras mujeres dentro de la Iglesia.

Ahora bien este mandato de Tito 2 es una gran responsabilidad y también un gran privilegio para todas las mujeres de la iglesia, no sólo de las ancianas, sino de cada mujer, ¿en qué sentido lo digo? En que cada una debe mirar atentamente y practicar diligentemente estas cosas en su propia vida hasta alcanzarlas.
Es necesario que como mujeres de la iglesia nos enfoquemos en lo que el Señor quiere para nosotras y que recuperemos, nos sumerjamos y perfeccionemos este ministerio, servicio sagrado a nuestro Dios, en todas nuestras vidas, en nuestras conductas. Y vayamos en busca de esa dignidad.

Vale decir que todo lo que Tito 2 enumera es el resultado de una vida digna, plena y completa en el Señor.
Sería algo así como el trabajo terminado, la obra concluida en la vida de toda mujer de la iglesia, al mirarnos nosotras de aquí a unos años debemos vernos como esta mujer q describe el pasaje que estamos estudiando y estas cosas nos calificarán para poder trabajar en su Iglesia, para ser útiles en su obra.
Lo que Pablo nos está mostrando con este texto de ser reverentes en nuestro porte, no es más que aquel propósito de Dios para la vida de sus hijas, que es dignificarlas, es decir hacerlas dignas, realzar su verdadera belleza y hacerlas excelentes y merecedoras de su gracia por medio de la fe que es en Cristo Jesús. El Señor no pretende que abandonemos nuestros hogares para servir en la iglesia, lo que pretende es que seamos completas en El y luego que hayamos alcanzado esta vida, recién poder servir en su Iglesia, es decir que nuestro principal servicio a Dios empieza en nuestros hogares,  

¿Qué es lo que hace digna a una mujer? ¿Qué la hace respetable, reverente, hermosa?
No es una gran profesión, ser autosuficiente o independiente, no es su belleza física, su intelecto, su estilo de vida, riquezas, igualdad de género, derecho a decidir sobre sus cuerpos, el aborto, no es la sensualidad. NO. Todas estas cosas no hacen más que satisfacer el deseo egoísta de la mujer, pero a la larga la llevará a encontrarse tan vacía, frustrada y amargada y sin poder alcanzar la verdadera dignidad.
Entonces a la pregunta “¿Qué es lo que hace digna a una mujer?”, la respuesta es Cristo, Él es quien hace digno lo indigno, quien puede tomar lo vil y menospreciado y transformarlo con su gracia, quien hermosea con su salvación Sal.149:4. Es conocerle a Él, mi dignidad vendrá como resultado de mi comunión íntima con Él, de amarle, buscarle y escudriñar las escrituras para ver cómo debo ser, buscar ser conformada a su imagen, mi obediencia a Él.  

Hermanas sé que muchas veces la rutina y los quehaceres nos llevan a posponer nuestro tiempo con el Señor, pero déjenme decirles que no deben dejar de buscar ese tiempo, aunque sea corto, porque es imprescindible para crecer en Él. Y si no lo hacemos daremos evidencia de ello con malas conductas.
Otra de las cosas que hacen digna a una mujer es la sana doctrina, sana enseñanza, una fe sana, la cual dará como resultado buenas obras, una conducta irreprensible.
En la sana doctrina encontramos la razón principal que nos lleva a amar a nuestro Dios, y caminar en obediencia a sus preceptos.
El propósito que tenemos como mujeres es vivir el evangelio, vivir en santidad y con nuestras conductas glorificar el Nombre de nuestro Señor

Filipenses 1:27 Solamente que se comporten como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a verles, o que esté ausente, escuche de ustedes que están firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio,
Seamos dignas de su llamamiento, Él nos está llamando a vivir dignamente y que se cumpla así toda obra de fe con su poder

2°Tesalonisenses 1:11-12 Por lo cual asimismo oramos siempre por ustedes, para que nuestro Dios les tenga por dignos de su llamamiento, y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder, para que el nombre de nuestro Señor Jesús, el Cristo sea glorificado en ustedes, y ustedes en él, por la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesús, el Cristo.

Colosenses 1:10 para que anden como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios.

De esta manera su palabra no será blasfemada, injuriada, sino que será exaltada y no sólo eso, sino que adornaremos la doctrina de Dios nuestro salvador. (Tit.2:10)
Pablo le dice que la iglesia debe adornar, embellecer la doctrina de Dios, a través de la verdad que predica y la piedad que practica, cuando la iglesia predica, pero también practica la sana doctrina el evangelio es embellecido, la doctrina es adornada, pero cuando la iglesia predica la sana doctrina, pero no la practica el evangelio es injuriado, calumniado, deshonrado, desacreditado y blasfemado. Nuestro propósito es adornar la doctrina de Jesucristo,
¿cómo podemos embellecer el evangelio en un mundo que está cegado, qué está caído? Se necesitan predicadores de la sana doctrina, ancianos que sean piadosos y también mujeres adultas que embellezcan el evangelio predicando la verdad, pero también practicándola.

Para adornar la doctrina de Dios la iglesia precisa de mujeres mayores, adultas piadosas, primeramente, estas mujeres sean reverentes en su porte, la palabra “porte”καταστημαkátastima describe la conducta cotidiana de la mujer, lo que hacemos dentro y fuera de la congregación, en nuestros hogares, en el trabajo, con nuestros esposos, con nuestros hijos, lo que hacemos cada día, y esa conducta, ese porte debe ser reverente, si las hermanas quieren adornar el evangelio, la doctrina de Dios en este mundo, deben ser de conducta reverente, esto no es religión sino obediencia,  la palabra que aquí se traduce“reverente” es ιεροπρεπης, ieróprepis, y hace referencia a todo lo que es propio de quien está consagrado a Dios, consagrado significa que está apartado para un servicio sagrado, es más este término se usaba para describir el estilo de vida que llevaban los sacerdotes, los levitas y los que ministraban a Dios en el templo,  Así que, Tito debía enseñar a las hermanas a que sean modelo de una conducta que sea digna de Dios y del evangelio que predican. A diferencia de los falsos hermanos de 1:16, que profesan conocer a Dios, pero con sus hechos lo niegan, las hermanas de la iglesia de Creta, debían mostrar con sus hechos que aman a Dios, es más 1 Timoteo 2:10 las hermanas deben ataviarse con buenas obras, es decir, vestirse, adornarse, embellecer sus vidas como corresponde a mujeres que profesan piedad (reverencia, respeto). Las mujeres que profesan conocer a Dios deben vestirse de buenas obras, de conducta reverente, de un caminar piadoso. En la mente de Dios es incorrecto, es impropio, inadecuado que las mujeres de la iglesia que profesan piedad se vistan con cualquier otra cosa que no sean las buenas obras o una conducta reverente, es aborrecible cuando se visten de enojo, ira, enemistades, pleitos, celos, contiendas, disensiones, envidias, inmundicias, blasfemias, murmuraciones, soberbias, calumnias, avaricia, descuidadas de sus hogares, sus esposos e hijos, imprudentes, ociosas, chismosas y entremetidas, (Ga.5:19-21, 2Ti.3:2-5, 1Ti.5:13) y muchas veces nos vemos vestidas de esta manera.

Así que a nuestras hermanas ancianas queremos decirles que las amamos y que las necesitamos, que esperamos que tomen estas palabras para ir en pos de Cristo para completarse en Él y sean nuestras maestras, sean nuestro modelo de mujer virtuosa y piadosa, su fe y su caminar con Cristo servirá a nuestras vidas.
A nuestras hermanas adultas, decirles que busquemos con todo nuestro corazón todo esto que el Señor nos ha hablado y que pongamos toda diligencia para alcanzar estas virtudes, y dejar de lado tantas actitudes inmaduras y nos unamos por la causa de Cristo.
A nuestras jóvenes, decirles que son la generación que viene y que esperamos que estas verdades queden impresas en uds y que también quieran alcanzarlas, que desde su juventud sean ejemplo de jovencitas cristianas en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza (1Ti.4:12)
Buscando crecer en la gracia y el conocimiento del Señor Jesús trabajemos juntas por el orden y bienestar de la Iglesia y contribuyamos al trabajo que nuestros hermanos hacen con la predicación del evangelio y enseñanza de la verdad. Escojamos la mejor parte, la cual no nos será quitada, estar a los pies de nuestro Señor Jesús aprendiendo y poder así llegar al conocimiento pleno de su voluntad (Col.3:10)
Seamos dignas del Señor Jesús y adornemos su doctrina, viviéndola y practicándola.

La paz del Señor Jesús

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