lunes, 30 de octubre de 2017

01 - EL PRINCIPIO DEL EVANGELIO




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MENSAJE DOMINGO 07/02/2016


Por el Hno. Gabriel.-


Se ha planteado para este año, llevar a cabo por medio de las predicaciones de los días domingo,  el desarrollo de una temática especifica que comprende “La Vida y Obra del Señor Jesús”, tanto de forma secuencial como también cronológica de acuerdo a los cuatro evangelios. El objetivo de este estudio es tener un claro panorama sinóptico del orden de los sucesos que acontecieron durante la vida de Jesús en la tierra, como también una clara comprensión doctrinal de su obra y ministerio.

Aunque hablar de la vida y obra del Señor Jesús es una temática que abarcaría el estudio completo de toda la biblia, ya que Jesús al ser Dios comienza a obrar desde el génesis hasta el apocalipsis, no obstante su manifestación como hombre en el mundo tuvo un punto de inicio y un punto final, y esto es lo que los cuatro evangelios se encargan de mostrarle al mundo de forma cronológica. Desde su nacimiento virginal hasta su muerte expiatoria en la cruz, con la posterior resurrección de entre los muertos y la ascensión a los cielos. Dicho de otro modo, los evangelios relatan la vida y obra del Señor Jesús en la tierra desde su principio (nacimiento) hasta su final (ascensión a los cielos).

Según las referencias que da Lucas en el inicio de su evangelio (Lc1:1-4), muchas fueron las personas que intentaron poner en orden la historia del Señor Jesús desde el principio, sin embargo, los únicos documentos que trascendieron como el legado oficial de la historia del Señor Jesús para toda la humanidad fue el trabajo de cuatro hombres (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) los cuales Dios mismo por medio de su Espíritu escogió para esta tarea. Y fuera de estos cuatro evangelios, ningún otro libro en el mundo tiene validez y preponderancia para relatar la vida y obra del Señor Jesús en la tierra.

Cada uno de los cuatro evangelios, tienen la intensión de hacer saber a la humanidad las cosas que desde el principio han sucedido respecto de la vida y obra del Señor Jesús aquí en la tierra. Y cada uno de ellos tiene una forma muy particular de empezar el relato. Por ejemplo Mateo comienza su relato considerando el principio con el libro generacional de Jesús a fin de mostrar al mundo el linaje real del que descendía el Señor para pasar de allí al relato de su nacimiento. Marcos por su lado considera el principio del evangelio desde el bautismo de Jesús en el río Jordán por medio de Juan el Bautista. Por otro lado, Lucas comienza su relato tomando como el principio todos los sucesos que acontecieron seis meces antes de que María concibiese del Espíritu Santo. Sin embargo Juan, a diferencia del resto, inicia su relato escapando al orden cronológico de los tiempos, mostrando el principio de las cosas desde un aspecto puramente espiritual y sin cronología de tiempo.

Por esta razón, tomando el evangelio de Juan como la base para establecer el principio del evangelio de Cristo, hoy vamos a hablar de lo que he titulado “El Principio”, que podría también considerarse “el prologo” de esta amplia temática que abarca “La Vida y Obra del Señor Jesús”.

Datos sobre el escritor
Pero antes de adentrarnos en la lectura del principio del evangelio según Juan vamos a conocer un poco acerca de quién es él. ¿Quién fue Juan? (aunque la mayoría lo sabe, no está de más recordarlo); Como cosa primera aclararemos que Juan no es el autor de este evangelio, él tan solo es el escritor del mismo, porque el único autor de toda las santas y sagradas escritura (Ro 1:2, 2°Ti 3:15) es el Espíritu Santo quien ha inspirado a los hombres escogidos por Dios para llevar adelante el trabajo de escribir el evangelio y demás enseñanzas del Señor Jesucristo (2°Ti 3:16).
Por otro lado Juan fue uno de los doce discípulos que estuvo al lado de Jesús durante su ministerio, pero a su vez también fue unos de los discípulos que junto a Pedro y Santiago conformaron un círculo más intimo con el Señor Jesús, siendo testigo ocular de ciertas manifestaciones y sucesos del Señor que ocurrieron en privado.
Este discípulo que junto a su hermano fue apellidado por Jesús como Boanerges (Mr 3:17), que significa hijos del trueno, y que en cierta ocasión pidió a Jesús que haga descender fuego del cielo para consumir una aldea (Lc 9:54), que luego también anheló ser uno de los discípulos más importantes y sobresalientes buscando estar sentado a la derecha de Jesús en su reino de gloria (Mr 10:37), es luego quien a si mismo estima que ni siquiera merece ser nombrado en el relato de la vida de Jesús, considera su nombre tan insignificante e indigno de ser mencionado en el evangelio de Cristo, y por esto cada vez que en el relato del evangelio se refiere a sí mismo se denomina “el discípulo a quien Jesús amaba(Jn 21:20), ni siquiera dice de sí mismo el discípulo que amaba mucho al Señor, o el discípulo del circulo privado del Señor, sino un aprendiz (discípulo) a quien Jesús amaba, un hombre común y pecador de quien Jesús tuvo misericordia.
Este mismo hombre, quien fue deportado a la isla de Patmos por causa del Nombre de Cristo (Ap 1:9), y a quien el Señor Jesús le mostro en visión el apocalipsis (la revelación de los últimos tiempos), es el mismo que instruido por el Espíritu Santo también escribe el principio del evangelio de Cristo (Jn 21:23-24), (Año estimativo 80 o 90 dC).

El Principio
Mientras que Mateo y Lucas buscan mostrar el principio de la vida del Señor Jesús en la tierra desde un orden cronológico y generacional, Juan está interesado en mostrar al mundo que Jesús siempre existió, por tanto Él no tiene principio de días ni fin de vida (He 7:3) sino que él es Eterno, y hablar de una generación que trajo a Jesús al mundo no es el tema de Juan aquí. Juan tiene toda la intensión de comenzar su evangelio demostrando que Jesús es Dios encarnado (1°Ti 3:16), y por esta razón comienza de esta manera.

Juan 1
1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.
2 Este era en el principio con Dios.
3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.
4  En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

Juan, al igual que Moisés, quien escribió el libro de génesis (el cual es el principio del antiguo testamento) enfatizando el inicio de toda la creación por medio de La Palabra de Dios (como la orden ejecutora de todas las cosas) (Gn 1:1-27, Sal 33:9), de modo que todo lo que se ve fue hecho de lo que no se veía por medio de esa poderosa Palabra (He 11:3), del mismo modo también Juan, como si fuera un paralelismo con el génesis, inicia nuevamente el relato de el principio, en un nuevo testamento (como haciendo una separación entre lo que fue el antiguo testamento de el nuevo testamento) demostrando que aquella poderosa e irresistible Palabra creacional de el génesis, aquel Verbo (aquella palabra en acción) por quien a si mismo se hizo todo el universo (He 1:2) y fuera de esa poderosa palabra nada ha sido hecho (Jn 1:3), aquella Palabra que existió desde el principio y que es Eterna, que es Sublime, Única e Inalcanzable, Palabra Omnipotente y Divina que siempre existió en Dios y que es Dios mismo y que nadie podía ver porque era invisible, un día se hizo visible, aquel poderoso Verbo creacional de Dios se manifestó al mundo, se vistió de carne y tomo forma de hombre para venir al mundo, y vino al mundo en la faz de Jesucristo (He 2:14, 10:5, Fil 2:5-7, 1°Ti 3:16). Y este es el principio del evangelio de Cristo, este es el principio de un nuevo testamento. El Verbo es el principio de la creación de Dios (Ap 3:14).

El verbo fue hecho carne
Juan 1
14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

Nunca ningún hombre de la antigüedad ni mucho menos en la actualidad, pudo ver a Dios (Jn 1:18), tan solo oyeron su palabra por medio de los profetas, los cuales traían el mensaje de Dios al pueblo diciendo; así dice Jehová, o así ha dicho Jehová, o también esta es la palabra de Dios… pero a Dios nadie le ha visto jamás, solo conocieron su palabra por medio de hombres que Dios utilizó como canal para trasmitir su voluntad. Sin embargo Jesucristo es la  Palabra de Dios encarnada sin ningún intermediario, Jesús es el Verbo de Dios, Jesús es la Palabra Omnipotente de Dios, Jesús es Dios manifestado en carne (encarnado) (1°Ti 3:16).

Juan 1
18 A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer (aquel Dios invisible ahora se manifestaba al mundo por medio de Jesucristo).

Hebreos 1
1 Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,
2 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;
3 el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,

Colosenses 1
15 El es la imagen del Dios invisible (el Dios invisible por fin se hacía visible al hombre por medio de Jesucristo), el primogénito de toda creación.
16 Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.
17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten;

Colosenses 2
9 Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad,

Hasta aquí el principio del evangelio (el prologo) escrito por Juan es; Aquel Dios Omnipotente que hizo todas las cosas, y que dio vida a todo lo creado y lo sostiene desde el principio hasta el final, el Poderoso Dios del antiguo testamento que peso los montes en balanza y midió las aguas del mar en el hueco de su mano (Is 40:12), el Alto y Sublime Dios a quien los cielos, y los cielos de los cielos no lo pueden contener (1°Re 8:27), el Temible y Glorioso Dios un día  entro en su propia creación (el mundo). De repente el Creador tomaba forma de ser creado, el Eterno entraba en el tiempo, el Invisible se volvía visible, el Infinito se hacía finito, el Sobrenatural se limitaba a lo natural, el Inmortal degustaría la muerte (He 2:9), el Dios Todopoderoso se hacía hombre – ¡pero qué noticia tan maravillosa, Dios mismo descendió para estar en medio de los hombres, Él es la vida, Él es el motor por el cual vivimos, Él es la resurrección y la vida, que mejor cosa para toda la humanidad!! – sin embargo…

El rechazo de los hombres
Juan 1
9 Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.
10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.
11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron (todos estaban ocupados en sus propias vidas, en sus propias creencias).

Dios, el Creador, quien sostiene la vida de todos los vivientes en la tierra, ya que Él es la vida y la fuente de la vida (Jn 1:4, 1°Jn 1:2), de repente estaba caminando como un hombre más en el mundo, en medio de su propia creación, no obstante, lo que era suyo, lo que era su propiedad, lo que le pertenecía porque él lo creo, no lo conoció. Él, por cierto, se humillo al hacerse como uno de nosotros (Sal 113:6, 8:3-4), se despojó de su esencia de Dios glorioso al tomar forma de hombre (Fil 2:5-8) con el único fin de salvarnos de la condenación del pecado y darnos vida eterna junto a Él. Sin embargo los hombres lo rechazaron, no creyeron en Él, no creyeron que Él era el Verbo de Dios encarnado, no creyeron que Él era Dios en medio de ellos, no creyeron en su Nombre, no creyeron que Él era el Emanuel anunciado (Is 7:14), el Cristo profetizado, el Mesías esperado, por tanto en sus pecados fueron condenados (Jn 8:24) porque no creyeron que Jesús era Dios el Salvador del mundo. No obstante…

Los nuevos hijos de Dios
Juan 1
12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;
13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Pero a todos los que creen en el Nombre del Señor Jesucristo, y esto se refiere a los que creen que Jesús es el Verbo de Dios, la Palabra Eterna encarnada, el Dios Todopoderoso manifestado en carne, a todos los que verdaderamente creen que Jesús es Dios, estos son hechos hijos de Dios, parte de la familia celestial de Dios (para vivir y habitar con Dios eternamente), los cuales no se engendran biológicamente según “la sangre” (o sea, ser hijo de Dios no es una cuestión hereditaria como lo era para el judío), ni tampoco depende de la voluntad y deseo de “la carne” (el hombre no tiene poder por sí mismo para decidir ser hijo de Dios), ni mucho menos de la voluntad de otra persona o “varón” (tampoco puede otra persona declararme hijo de Dios), sino que el único que tiene la potestad para convertirme en hijo de Dios es Dios mismo, y lo hace con poder por medio de un nuevo nacimiento. Dicho de otro modo, para ser parte de la familia celestial de Dios debo nacer en ella, así como para formar parte de una familia terrenal hemos nacido dentro de ella, del mismo modo para ser parte de la familia de Dios debo nacer dentro de ella, por esta razón Dios mismo primeramente nos sumerge en la muerte de Cristo para desvincularnos de la familia terrenal a la que pertenecíamos y nos hace nacer de nuevo según la potencia de su Espíritu Santo dentro de la familia de Dios, ya no como hijos terrenales, sino como hijos de Dios que están en la tierra, a fin de que andemos en vida nueva (Ro 6:4), según los designios de Dios como es digno de los que pertenecen a la familia de Dios.

Ser hechos hijos de Dios tiene que ver con un nuevo nacimiento, con la muerte a nuestra forma de vida carnal para nacer en una nueva vida celestial. Una regeneración de todo nuestro ser, una mente nueva (la mente de Cristo), un corazón nuevo (un corazón conforme a su voluntad), y un espíritu nuevo, el cual es el Espíritu Santo en nosotros que nos lleva a la santidad.

Final
Todo lo desarrollado hasta aquí es tan solo “el principio del evangelio”, es lo que yo llamo “el prologo”. Estos primeros y breves versículos del primer capítulo del evangelio de Juan, son tan solo “el prologo” de lo que luego él detenidamente se va a encargar de desarrollar y demostrar. Juan comienza diciendo que Jesús es Dios encarnado, y que todos los que creen en Él son hechos hijos de Dios, pero esto debe ser demostrado, por esta razón el resto del evangelio de Juan es tan solo la evidencia que confirma lo que él ha comienza diciendo, que el Verbo tomo forma de hombre y vino al mundo para salvar a todos los que creen en Él.

Juan 20
31 Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.

Resumiendo diremos que el evangelio escrito por Juan es el testimonio de un hombre que fue testigo ocular de la manifestación del Verbo de Dios, un hombre que estuvo al lado de Jesús y vio, oyó y palpo al Dios encarnado, y por esta razón escribe su testimonio a fin de dejar su legado para todos aquellos que sin ver crean que Jesús es Dios por medio de la fe

1°Juan 1
1 Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida
2 (porque la vida (eterna) fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó);
3 lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo.
4  Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido.

Él ciertamente ascendió a los cielos después de resucitado, pero no nos ha dejado solo el Señor, sino que envío su Espíritu Santo quien mora en nosotros y nos hace entender las palabras del Señor Jesús. Pero eso no es todo, el mismo Dios que se manifestó en carne hace más de dos mil años dijo que volverá por todos los que han de creer en Él ¿Lo crees?, volverá por su iglesia ¿Lo esperas?...


La paz del Señor Jesús Cristo.-

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