miércoles, 6 de junio de 2018

EL CULTO FAMILIAR Parte IV: EL FUNDAMENTO BÍBLICO



Cuando hablamos del deber y necesidad del culto
familiar probablemente gran parte de nosotros lo sigue
consideran una práctica religioso no esencial, y más allá que hemos marcado (en nuestros artículos anteriores) que es un deber y una gran necesidad de todos modos muchos quizás hasta aquí piensan que lo que escribo es subjetivo, sin embargo, he aquí el ancla bíblica que fundamenta su práctica…  y ese va a ser nuestro título el día de hoy “El Fundamento bíblico del Culto Familiar”

Es obvio que si escribimos en nuestra concordancia electrónica de búsqueda la expresión “culto familiar” nada vamos a encontrar en nuestra biblia, porque dicha expresión así tal cual como la leemos no se encuentra, no obstante, si vemos su práctica de manera implícita desde el primer libro de la biblia (génesis),

Deuteronomio 11:18 Por tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, y las ataréis como señal en vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos. 19 Y las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes, 20 y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas;

“Y las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa” … No sé si pueden verlo, pero aquí tenemos una clara imagen de “culto familiar” ordenado por Dios para su pueblo. Mantener una formalidad de reunión familiar con enseñanza de la palabra de Dios no era una opción para el judío, sino un deber ordenado por Dios… —si ya sé, quizás alguno dirá; pero eso se trata del antiguo pacto, ahora estamos bajo la gracia— ¡cuidado! Porque el nuevo pacto anuló toda la práctica rudimentaria y ceremonial del antiguo pacto, pero no así la esencia de la ley de Dios que ahora está escrita en nuestros corazones (He 8:8-12)… pero bueno, ese no es el punto de lo que queremos hablar, sino mostrar que así como Dios entregó su ley y su palabra a su pueblo también diseño el mecanismo de trasmisión y expansión. La trascendencia del “temor a Dios” y sus “mandamientos” radicaba en la trasmisión generacional de padres a hijos desde los hogares, en otras palabras, desde el culto familiar:

Salmo 78:5 El estableció testimonio en Jacob, Y puso ley en Israel, La cual mandó a nuestros padres que la notificasen a sus hijos; 6 Para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; Y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos, 7 A fin de que pongan en Dios su confianza, Y no se olviden de las obras de Dios; Que guarden sus mandamientos,

Pues bien, hermanos, el mecanismo no ha cambiado: Efe 6:4 Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor… Los padres cristianos somos los principales agentes destinados a la trasmisión y trascendencia del evangelio con toda la doctrina de Cristo, no debemos pensar que la trasmisión del evangelio a nuestros hijos será determinada por un mecanismo celestial de ángeles que descienden e instruyen en secreto a nuestros hijos o por medio de escuelas dominicales de 40 minutos de enseñanza a la semana ¡NO! sino que dicha trasmisión sigue estando determinada por la mecánica del culto familiar.

Debemos sentarnos en nuestras mesas con nuestros hijos e instruirlos en los caminos del Señor, pensando firmemente que ellos deben pasar de nuestra mesa a la mesa gloriosa del Señor.

Prontamente continuaremos con más artículos.

Hno. Gabriel.

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