miércoles, 5 de junio de 2019

UNA PERSPECTIVA BÍBLICA DEL SUFRIMIENTO



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MENSAJE DOMINGO 24/02/2019

Por el Hno. Gabriel. -


Introducción
Hace unos días atrás mi esposa me pregunto qué tema tenía pensado hablar este domingo, a lo que respondí: —estoy pensado en hablar del sufrimiento— y ella me dijo —¿no hablaste ya de ese tema? — y sé que hablar de sufrimiento no es un tema muy atractivo, de hecho, yo mismo me he preguntado antes de empezar con esta meditación; ¿acaso no hay un tema más alegre o agradable para predicar en la Iglesia que hablar de sufrimiento?
Quizás alguno dirá —demasiado ya con lo que estoy viviendo — sin embargo es importante hablar del sufrimiento desde el sufrimiento, no que este yo en un valle de aflicción al nivel de los salmistas o profetas de la biblia, pero en estos días que han pasado he dormido en la reposera de un hospital y no por primera vez, y por supuesto no fui pasar la noche allí por diversión sino porque había alguien de mi familia que está padeciendo en ese lugar, y de alguna manera yo estuve internado paralelamente con mi hijo pero en el hospital del sufrimiento, y no sé si haya sido dado de alta aún, por eso quiero hablarles desde el hospital del sufrimiento, desde una pequeña cueva en la que estuve algunas horas o solo unos pocos días en las semanas pasadas… sé que muchos aquí (probablemente todos) han estado ya internados en el hospital del sufrimiento (por cualquier dolencia, desanimo o amargura) y sé que han conocido en persona al “doctor tristeza” que viene con su frio estetoscopio a auscultar todas nuestras penas…

Siempre que somos adentrados al “hospital del sufrimiento” no podemos evitar preguntarnos, ¿Por qué me pasa esto? Y probablemente más de uno se ha identificado con las palabras de Asaf en el Salmo 73 en donde referido a los malos dice 5 No pasan trabajos como los otros mortales, Ni son azotados como los demás hombres… como teniendo cierta envida de la buena salud y prosperidad de los incrédulos, y respecto de él mismo escribe su queja; 13Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón, y lavado mis manos en inocencia 14 Pues he sido azotado todo el día, Y castigado todas las mañanas… no obstante al final del salmo el hombre ha sido consolado, y cierra su salmo con palabras no solo consoladoras sino también de gran inspiración: 22 Tan torpe era yo, que no entendía Era como una bestia delante de ti. 23 Con todo, yo siempre estuve contigo Me tomaste de la mano derecha. 24 Me has guiado según tu consejo, Y después me recibirás en gloria. 25 ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. 26 Mi carne y mi corazón desfallecen Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.

El sufrimiento, cualquiera sea el factor que lo genere (enfermedad, escasez, amargura de ánimo) es una copa que quisiéramos pasar de nosotros sin beberla por el sabor amargo que nos genera, sin embargo, es la dosis de medicina que el médico de nuestras almas nos da a beber de tiempo en tiempo porque tiene un propósito firme trazado detrás de cada sufrimiento.

Tiene un Propósito Divino
¡Tenemos que entender que el sufrimiento por causa de la aflicción tiene un propósito firme en Dios!, tenemos que entenderlo de ese modo, como cristianos debemos asumir que si Dios nos adentra en algún valle de aflicción es porque tiene un propósito firme para perfeccionarnos por medio de dicho valle, Él no hace las cosas por azar o sin razón, si entendemos que Él es el arquitecto de nuestras vidas entonces debemos descansar sobre el terreno que Él diseñó cada valle de aflicción a nuestra medida para que transitemos por él con un firme propósito:

Lamentaciones 3:33 Porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres.

Job 1:22 En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno (o sea no le atribuyo a Dios que haya hecho algo por fuera de la razón o sin tener un propósito).

Nunca en la vida cristiana hay promesa de ausencia de tristeza, dolor o aflicción, antes, por el contrario, somos advertidos de antemano que sufriremos, Pablo llega a escribirles a los filipenses que Dios les había concedido a ellos que sufran por causa de ser cristianos (Fil 1:29)por lo tanto no debemos pensar nunca que Dios nos hace sufrir sin un propósito noble de por medio, Job, después que hubo perdido todos sus bienes materiales e incluso a sus propios hijos (realmente era una tragedia lo que estaba viviendo)  no consideró que lo que sucedía era algo irracional y sin propósito de parte de Dios, sino que entendió que Dios estaba haciendo algo en su vida y que todo venia de parte de Él, el profeta Jeremías escribió en sus lamentaciones que Dios no aflige arbitrariamente como un arranque de ira o entretenimiento, sino que todo lo que acontece en nuestras vidas tiene un firme propósito divino.

Y parte de esos propósitos nosotros lo distinguimos rápidamente, porque no podemos negar que nuestras alabanzas más sinceras entonadas en un culto de adoración como nuestras oraciones más intensas fueron en medio de un valle de aflicción,  dolor y tristeza, entonces es evidente que, aunque no nos demos cuenta en ese momento, el sufrimiento trae cosas buenas: “me acerca más a Dios”, y es que el sufrimiento saca a flote el estado real de nuestro corazón, a la vez que nos  purifica así como a la plata en el horno, y entendemos que Dios nos mete en el horno de la aflicción (Is 48:10) no porque sea insensible con nosotros, sino porque nos ama y nuestras vidas son importante para Él.

Otra parte del propósito divino de las aflicciones es mostrarnos cuan limitado e incapaces somos y cuan frágiles son nuestras fuerzas para depender de nosotros mismos, a fin que aprendamos a no confiar en nosotros mismos sino a fiarnos enteramente de Dios quien es nuestro Pastor y Salvador… Pablo les escribe a los corintios respecto de esta lección;

2°Corintios 1:9 Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos 10 el cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará, de tan gran muerte

Entonces, las aflicciones cumplen con propósitos divinos, algunos los identificamos rápidamente y otros luego de un tiempo, pero son valles diseñados por Dios con un propósito perfecto. Hay cristianos que quisieran evitar toda clase de sufrimiento, pero tal deseo se conforma solo a la carne y se contrapone a las palabras del Señor Jesús escritas en el evangelio de Juan 16:33 …En el mundo tendrán aflicción, pero confíen, yo he vencido al mundo.

Hay creyentes que en medio de estos angustiosos valles decidieron abandonar la senda, y quizás a muchos de nosotros se nos cruzó también por el pensamiento la idea de renunciar al valle y tirar la toalla, quizás la frustración y la tristeza nos llevaron a decir —no quiero esto, no estoy preparado para sufrir, no aguanto más, prefiero una vida ordinaria y sin aflicciones, quiero una vida común— sin darnos cuenta que al pedir tal cosa le estamos diciendo también al Señor —renuncio a la corona con la que nos vas a glorificar en aquel día, si el precio de esa corona gloriosa es atravesar angustiosos valles entonces no la quiero— y tal pensamiento si es irracional. En un breve libro de los puritanos titulado “El valle de la visión” una vez leí lo siguiente; Déjame aprender por la paradoja que ser rebajado es ser exaltado, que el corazón roto es el corazón sanado, que el espíritu contrito es el espíritu alegre, que el alma arrepentida es el alma victoriosa, que no tener nada es poseerlo todo, que cargar la cruz es llevar la corona, que dar es recibir y que el valle es el lugar de la visión… así es la vida cristiana, como una paradoja incomprendida.

Debemos aprender qué, así como la plata se purifica en el horno, así también el cristiano adquiere más pureza y brillo solo cuando es pasado por el horno de la aflicción… ¿y qué debemos hacer entonces? solo debemos encomendarnos y esperar en Él.

1°Pedro 4:19 De modo que los que sufren [padecen] según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien.

Dios controla el horno de la aflicción
Entonces, queda claro que todo sufrimiento en la vida cristiana lleva la firma de Dios como su autor, y esa firma garantiza que es Dios quien controla la intensidad del horno y el grado de aflicción, y que todo está hecho con un propósito sabio, justo y con mucho amor. Muchas veces pensamos que Dios no está en medio de nuestros valles de aflicción sino que nos ha abandonado, pero no es así, sería realmente trágico y a la vez terrorífico para nosotros que Dios no esté al control de nuestras aflicciones sino que nos haya abandonado a merced de otra potestad ¡¿se lo imaginan?!: “Que quien este comandando el horno de nuestra aflicción sea nuestro enemigo (satanás) y no Dios”, sería desgarrador, no habría esperanza para nosotros en estos valles, seriamos consumidos sin consolación, sin misericordia. Pero gracias a Dios que esto no es así. Cuando al rey David se le propuso que escoja entre tres formas de castigo; entre tres años de hambre, o ser derrotado por sus enemigos durante tres meses, o tres días de peste por la mano de Jehová, él respondió —caiga yo en las manos de Jehová porque sus misericordias son muchas en extremo, pero no caiga yo en manos de mis enemigos [porque me consumirían sin piedad]— (1°Cr 21:11-13). Entonces es consolador saber que es Dios quien está detrás de nuestros valles de aflicción, me consuela saber que es Él el director de mis pasos y que orquestará todas las notas sombrías de mi vida con el solo fin de hacer de mi andar una melodía que glorifique su Nombre, a la misma vez que me talla y moldea con su formón de amor a la imagen pura de su hijo Cristo. Entonces como creyente debo reconocer que es Dios mismo quien me está adentrando al valle de la aflicción y tristeza, no es satanás ni ninguna otra potestad quien me está llevando hacia allí sino Dios mismo:

Job 2:10 Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres insensatas [irracional, fatuas], has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios.

Lamentaciones 3:37 ¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó38 ¿De la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno?

Filipenses 1:29 Porque a ustedes les es concedido a causa de Cristo, no sólo que crean en él, sino también que sufran [padezcan] por él,

Deuteronomio 32:39 Observen ahora que yo, yo soy, Y no hay dioses conmigo Yo hago morir, y yo hago vivir, Yo hiero, y yo sano Y no hay quien pueda librar de mi mano.

Es verdaderamente consolador saber que Dios tiene el control de nuestros valles, porque eso significa que no nos llevará más lejos de lo que podamos soportar ni tampoco nos destruirá ni nos abandonará. Equivocadamente solemos pensar que Dios nos ha abandonado cuando atravesamos un valle de aflicción, pero pensar así es hacer de Él la imagen de un dios implacable y despiadado, insensible y malo, pero no es así, Jehová mismo le dice a su pueblo por medio del profeta Isaías 49:15 ¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti16 He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida delante de mí están siempre tus muros.

Dios es fiel, y su fidelidad va más allá de lo que ven nuestros ojos, Dios está en nuestros valles como nuestro Pastor, como nuestro Confortador y como nuestro Consolador, porque Él entiende perfectamente cada una de nuestras aflicciones, no es ajeno a nuestro dolor porque Él mismo es un varón de dolores experimentado en quebranto (Is 53:3)es un Pastor experimentado y no opera nuestro sufrimiento en base a una ignorancia sino en la base de su propia experiencia, y por supuesto nunca nadie igualará el valle de dolor que atravesó nuestro Pastor y Señor Jesús el Cristo, quien por el gozo puesto delante sufrió la cruz menospreciando el oprobio (He 12:2), cargando la ira de Dios que correspondía a nosotros y sufrió nuestros dolores, y experimentó nuestros azotes y tormentos.
Hebreos 2:18 Pues en cuanto él mismo sufrió [padeció] siendo tentado (probado), es poderoso para socorrer a los que son tentados (puestos a prueba).

Al final es para nuestro bien
Esto nos lleva a la conclusión certera, aunque incomprendida para la razón humana, de que las aflicciones al final son para nuestro bien, en otras palabras, ¡Ninguna aflicción es absurda! ¡Todo lo que Dios hace tiene sentido! Jesús sufrió la cruz y menosprecio el oprobio por el gozo puesto delante de él y se sentó a la diestra del trono de Dios (Hebreos 12:2) …pasando el valle de la aflicción y sufrimiento Dios tiene preparado algo verdaderamente reconfortante para cada uno de sus hijos. Al final del cautiverio del pueblo judío en Babilonia Dios había diseñado algo reconfortante para ellos, y se lo anuncio de ante mano por medio del profeta Jeremías 29:11 Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de ustedes, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para darles el fin que esperan.
Juntos
Romanos 8:28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. 29 Porque a los que antes conoció, también los predestinó [eligió con anticipación] para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.

Si el Hijo de Dios fue “un varón de dolores experimentado en quebranto”, conformarnos a su imagen tiene necesariamente que hacernos pasar por valles de dolor, el apóstol Santiago escribe en su carta; Santiago 1:2 Hermanos míos, tengan por sumo gozo cuando se hallen en diversas pruebas, 3 sabiendo que la prueba de su [de ustedes] fe produce paciencia. 4 Mas tenga la paciencia su obra completa, para que sean perfectos y cabales, sin que les falte cosa alguna.

Al final, cada valle de aflicción tiene la nobleza de hacernos perfectos y cabales para glorificar a Dios, el sufrimiento es el formón que Dios usa para tallar en nosotros la imagen quebrantada y feliz de su Hijo, por lo tanto, las aflicciones son de alguna manera el escenario que Dios monta para que nosotros seamos conformados a la imagen perfecta de su Hijo y reflejemos su valor y su hermosura, esto nos hace ver que nosotros no somos el centro de atención en el escenario de la aflicción y sufrimiento, sino que fuimos puestos ahí para que como un espejo apuntemos y reflejemos hacia el Cristo todo suficiente. La virtud del cristiano es soportar todos los ríos de aflicción que arremeten y azotan a todas las casas, con la única diferencia de que la casa del cristiano no se derrumba porque está cimentada en la Roca firme que es Cristo. Jonathan Edwards (un predicador del año 1700) dijo: “Mientras más pesada la cruz, más pesada será la corona.” Todo lo que Dios trazo para nuestro sufrimiento solo será en esta vida carnal, luego de esto reinaremos con Cristo sin penurias ni tristezas, mientras que para el incrédulo que disfruta de esta vida pasajera le esta trazado un sufrimiento mucho más horrendo y eterno.

Varones experimentados en dolor y quebranto
Ahora bien, pasando todo el valle de sufrimiento con el que Dios nos ha afligido podemos ver que no solo nos hizo beber esa copa amarga porque nos ama y nuestras vidas son importantes para Él, sino también nos pasó por ese valle porque es necesario para el bien de otros hermanos, ¡SI, Oyó bien!, Dios también nos hace sufrir para el beneficio de otros hermanos ¿de qué manera? Pues bien, Pablo en su segunda carta a los corintios nos muestras como el sufrimiento personal tiene un efecto positivo para la vida de otros creyentes:

2°Corintios 1:3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesús, el Cristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación4 el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. 5 Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación6 Pero si somos atribulados, es para su [de ustedes] consolación y salvación o si somos consolados, es para su [de ustedes] consolación y salvación, la cual se opera en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también sufrimos [padecemos].

Al sufrimiento le prosigue la experiencia, la experiencia de conocer la consolación del Señor lo cual se transforma en una virtud para saber consolar también a otros hermanos cuando se encuentren en el mismo valle o similar, es la experiencia de los valles lo que nos va formando en varones experimentados en el dolor y quebranto, y sé que esta figura o imagen de Cristo no es atractiva para el cristiano, pero así es el Señor, y conformarnos a Él se hará necesariamente por medio de la experiencia y pericia del sufrimiento.

Por otro lado, ningún valle de sufrimiento fue diseñado para que nos quedemos a sufrir allí para siempre, hay cristianos que a veces no pueden superar una tragedia, y deciden quedarse a morar en el valle de sufrimiento, y aunque ya se le dio el alta en el hospital del sufrimiento de todos modos siguen estacionados por muchos meses allí, sin embargo, llega un momento en que cuando se acaba el valle debemos salir de allí y voltear esa página de nuestra vida a fin de poder continuar escribiendo nuestra historia.

El valle es solo un periodo hasta que la etapa se ha cumplido, Salomón escribió en su libro de Eclesiastés 3:4 tiempo de llorar, y tiempo de reír tiempo de endechar, y tiempo de bailar… Hay un momento para sufrir y otro para dejar de sufrir, cuando el rey David sufría por su primer hijo con Betsabé (estaba enfermo) estuvo entristecido y humillado sin recibir comida por siete días mientras el niño padecía la enfermedad, pero cuando hubo muerto David volvió en sí y dio vuelta esa página y prosiguió con su vida, no se quedó a morar en el valle de la angustia (2°Sa 12:15-24). El sufrimiento nos deja lecciones muy importantes, de modo que debemos prestar mucha atención a fin de no repetir más de una vez el mismo valle.

Nunca se nos anuncia que en breve atravesaremos estos valles, sino que somos lanzados allí y sin previo aviso, por lo tanto, todo cristiano que ha experimentado el valle del sufrimiento nunca se relaja cuando ha salido de él, sino que siempre está velando para no ser devastado cuando se encuentre en otra aflicción. En otras palabras, debemos estar preparados para sufrir, y no hay mejor preparación que estar llenos del Espíritu Santo ¡Clame a Dios por esto! Para que sea el Espíritu quien dirija todas sus acciones y emociones en medio de estos valles.

Prueba o Consecuencia
Finalmente hay que identificar cuando se está sufriendo a causa del pecado bajo la disciplina del Señor, y cuando es un valle de perfección como el de Job. Si está sufriendo, no como una disciplina, sino porque la gracia de Dios quiere perfeccionarlo y purificarlo como a la plata en un horno, siéntase honrado por tamaña elección, y cumpla con la mayor gloria posible el propósito de su llamamiento al sufrimiento, y no olvide que de su respuesta a la aflicción dependen la exaltación de Dios, todo lo que hablamos hasta aquí tiene que ver con este tipo de sufrimiento.

Ahora, si su sufrimiento no es de una naturaleza semejante a la de Job, sino que está sufriendo bajo la disciplina correctiva de Dios por el pecado, tampoco se desanime sobremanera, sino alégrese y siéntase seguro en Dios, porque la disciplina manifiesta el precioso amor paternal de Dios por usted, para que por medio del arrepentimiento genuino pueda volver al gozo del Señor; 

Hebreos 12:5 y han ya olvidado la exhortación que como a hijos se les dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina [entrenamiento, educación] del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él 6 Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo7 Si soportan la disciplina [entrenamiento, educación], Dios les trata como a hijos porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? 8 Pero si se les deja sin disciplina [entrenamiento, educación], de la cual todos han sido participantes, entonces son bastardos, y no hijos.

¡La disciplina del Señor nos conviene en muchos sentidos! Dios nos disciplina para que participemos de su santidad (He 12:10) porque sin santidad nadie verá al Señor” (He 12:14) ¿Qué sería de nosotros si el Señor no nos disciplinara cuando nos desviamos de sus caminos? Tal pensamiento me lleva a amar la disciplina del Señor, porque hace que la seguridad de mi salvación no descanse en el hecho de que yo amo lo suficiente a Cristo como para no perderme sino sobre el hecho de que Él me ama a mí lo suficiente como para no permitir que me aparte de Él, porque es Él quien me sostiene con su mano y no yo con mis pobres manos de arena; y su mano sabe cuándo presionarnos más fuerte para no perdernos.

Aliéntese con estas promesas
Si con nuestras mentes nos fuéramos más allá de esta dimensión, aun allí encontramos palabras de aliento para nosotros, “Él consolará y enjugará toda lagrima de los ojos sufrientes” todo dolor y tristeza que hayamos pasado serán consoladas para siempre con Dios en su reino celestial y eterno. ¿Considera haber sufrido mucho? ¡No se desanime, Dios quiere secar esas lagrimas personalmente y consolarlo con una eternidad gloriosa a su lado!

Apocalipsis 21:4 Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerteni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.


La paz del Señor Jesús el Cristo. –

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